Alimentación según estado de salud

En los últimos años, el avance significativo de los conocimientos científicos relacionados con la Nutrición, la Biología y la Genómica ha provocado grandes cambios y avances en lo que se refiere a la relación existente entre salud y enfermedad, conjuntamente con los alimentos que ingerimos, los hábitos y el estilo de vida de cada persona. Estos avances han puesto de manifiesto que muchas patologías tienen un trasfondo nutricional; hecho que pone en evidencia que la alimentación desempeña un papel importante en la prevención de la enfermedad, así como parte del tratamiento terapéutico de muchas patologías.

Descubre cómo puedes mejorar tu salud y calidad de vida a través de una adecuada pauta de alimen-tación, seleccionando tu trastorno o patología.

Y, para más ayuda, aquí encontrarás unos menús orientativos que te ayudarán a llevarla a cabo.

 


Hipotiroidismo

Qué es y a qué se debe?
Quien lo sufre?
Síntomas y signos
Diagnóstico
Tratamiento Nutricional


El Hipotiroidismo consiste en un trastorno que afecta al funcionamiento de una glándula localizada en la zona posterior de la laringe denominada tiroides, debido a que ésta no puede producir de manera correcta sus hormonas: la T3 (triyodotirosina) y la T4 (tiroxina).

Se trata del trastorno más habitual de la glándula tiroides y requiere un control médico exhaustivo para evitar la aparición de complicaciones realmente peligrosas, como son enfermedades cardiacas, deficiencias físicas y mentales, y mixedema (edema severo).

Las causas del desarrollo de esta enfermedad pueden ser múltiples:

  • Como consecuencia de un tratamiento con yodo radiactivo.
  • Como respuesta a las terapias de radiación en el tratamiento de cánceres.
  • Como resultado de la extirpación total o parcial de la glándula tiroides (tiroidectomía).
  • Durante el embarazo o parto por sangrado excesivo: Síndrome de Sheehan.
  • Por consumo de medicamentos de litio, interferón alfa, interleukina-2 o amiodarona.
  • Por consumo insuficiente de alimentos ricos en yodo.
  • Por cuestión genética (anomalía congénita).
  • Por mediación de una respuesta inmunitaria anómala: Enfermedad de Hashimoto.
  • Por problemas de funcionamiento en la glándula pituitaria (hipófisis) o del hipotálamo.

Según el desencadenante, el hipotiroidismo se clasifica en tres grupos:

  1. Primario: Es la tipología más habitual y se debe a un funcionamiento disminuido de la glándula tiroides. Puede desencadenar la inflamación de la tiroides (bocio) y se da comúnmente en zonas donde el consumo de yodo es escaso.
  2. Secundario: Se debe a que la hipófisis no secreta la hormona estimulante del tiroides (TSH) de manera correcta.
  3. Terciario: Resultado de un mal funcionamiento del hipotálamo, que repercute directamente sobre la hipófisis, impidiendo que se genere la TSH y, por lo tanto, impidiendo la estimulación de la tiroides.

La incidencia es mayor en las mujeres, especialmente en las de edad adulta, de más de 50 años; así como los que se han tenido que someter a tratamiento radioterápico, con yodo radiactivo, a tirodectomía o han padecido sangrados profusos durante la gestación o parto.


Los síntomas más habituales con los que se asocia el padecimiento de hipotiroidismo aparecen de manera progresiva y son los siguientes:

  • Apatía.
  • Aumento de peso totalmente involuntario de entre 2 y 4,5 Kg, y dificultad para perderlo.
  • Cansancio.
  • Debilidad generalizada, con dolor muscular o articular.
  • Depresión.
  • Estreñimiento.
  • Galactorrea o prolactina elevada.
  • Intolerancia al frío.
  • Menstruación irregular y muy abundante.
  • Párpados caídos y cara hinchada.
  • Palmas de manos y plantas de pies anaranjadas (carotenemia).
  • Pérdida de memoria.
  • Pérdida de pelo en la zona final de las cejas.
  • Sequedad de mucosas, piel y cuero cabelludo.
  • Síndrome del Túnel Carpiano.
  • Sobrepeso de causa desconocida.
  • Somnolencia o insomnio.
  • Uñas y cabellos quebradizos.
  • Voz ronca.

En caso de no tratarse, puede derivar en un mixedema o coma mixedematoso, caracterizado por:

  • Cardiopatía.
  • Falta de respuesta ante el estímulo.
  • Niveles de azúcar en sangre bajos (hipoglucemia).
  • Niveles de colesterol sanguíneo elevados (hipercolesterolemia).
  • Riesgo de infección aumentado.
  • Tensión arterial baja (hipotensión).

En los casos más extremos, puede desencadenar la muerte.


El diagnóstico del hipotiroidismo debe hacerse de manera precoz, especialmente en los casos de hipotiroidismo congénito, para evitar el desarrollo de retraso mental. Las premisas en las que se basa se enumeran a continuación:

  1. Historia clínica.
  2. Examen físico: Palpación mecánica de la zona.
  3. Radiografía de cuello: Especialmente si hay presencia de bocio (tiroides inflamado)
  4. Gammagrafía tiroidea.
  5. Análisis sanguíneos: Para determinar la cantidad de T4, TSH y anticuerpos antitiroideos. Sus valores dependerán del tipo de hipotiroidismo en el que se encuentre.

 

En caso de padecer la enfermedad de Hashimoto, sus anticuerpos también pueden valorarse de manera sanguínea.

Si los resultados de los niveles de hormonas no son normales a pesar de un correcto funcionamiento de la tiroides, se denomina Síndrome del Enfermo Eutiroideo, y se relaciona con un padecimiento de una enfermedad grave que repercute en la glándula tiroidea, de manera que ésta no produce suficientes hormonas.

Asimismo, el análisis sanguíneo mostrará niveles bajos de sodio, altos de colesterol, enzimas hepáticas y prolactina y anemia.


El tratamiento adecuado para las personas que padecen hipotiroidismo debe ser una conjunción entre abordaje farmacológico con levotiroxina para paliar el déficit de T4 sanguíneo y pautas de alimentación.

Las recomendaciones dietéticas a considerar por los afectados se describen a continuación:

  • Se deberá seguir una dieta basada en la Mediterránea, que contenga gran variedad de alimentos y que sea equilibrada.
  • Realizar 5 o 6 comidas al día de pequeño volumen, distribuidas cada 2-3 horas.
  • Administrar la levotiroxina en ayunas, evitando hacerlo junto a alimentos ricos en hierro o calcio.
  • No consumir antiácidos ni multivitamínicos sin prescripción médica.
  • Consumir alimentos ricos en yodo: pescado (especialmente los marinos), mariscos y productos del mar, algas, legumbres, leche…
  • Sazonar las comidas con sal yodada.
  • Evitar consumir alimentos que, estando crudos, impidan la absorción de yodo en el organismo: berza, nabo, remolacha, yuca… En todos ellos, su efecto negativo se inactiva con el cocinado.
  • Limitar el consumo de verduras del género Crucífera: brócoli, col, lombarda, coles de Bruselas, repollo, rábano, mostaza…
  • Evitar la soja y los productos derivados de ella.
  • Realizar ejercicio físico aeróbico moderado de 30-45 minutos al menos 3 veces en semana: caminar a paso ligero, montar en bicicleta…
  • Realizar las pautas adecuadas para el mantenimiento de un peso saludable y, en caso de necesitarlo, contactar con un nutricionista titulado que pueda diseñar un plan dietético totalmente personalizado.

 




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