Alimentación según estado de salud

En los últimos años, el avance significativo de los conocimientos científicos relacionados con la Nutrición, la Biología y la Genómica ha provocado grandes cambios y avances en lo que se refiere a la relación existente entre salud y enfermedad, conjuntamente con los alimentos que ingerimos, los hábitos y el estilo de vida de cada persona. Estos avances han puesto de manifiesto que muchas patologías tienen un trasfondo nutricional; hecho que pone en evidencia que la alimentación desempeña un papel importante en la prevención de la enfermedad, así como parte del tratamiento terapéutico de muchas patologías.

Descubre cómo puedes mejorar tu salud y calidad de vida a través de una adecuada pauta de alimen-tación, seleccionando tu trastorno o patología.

Y, para más ayuda, aquí encontrarás unos menús orientativos que te ayudarán a llevarla a cabo.

 


Fibromialgia

Qué es y a qué se debe?
Quien lo sufre?
Síntomas y signos
Diagnóstico
Tratamiento Nutricional


Como su origen etimológico indica, fibro (fibroso)+ mio (músculo)+ algia (dolor), se trata de un estado fisiológico que cursa con dolor muscular.

La fibromialgia también se le conoce por la denominación de Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) o Sensibilidad Química Múltiple (SQM) y se define exactamente como un síndrome caracterizado por una condición dolorosa no articular, que envuelve los músculos, según la Declaración de Copenhague (OMS, 1993).

Se trata de la causa más habitual de dolor de naturaleza músculoesquelética crónica (de más de 3 meses de duración y continua) y generalizada.

La razón de su aparición es totalmente desconocida, por lo que se hace necesario multitud de pruebas médicas para descartarse el padecimiento de otras enfermedades mucho más definidas.

Algunas fuentes apuntan a la posibilidad de que una alteración química cerebral o una anomalía en la funcionalidad del sistema inmune sea la causa del desarrollo de la fibromialgia, pero continúan los estudios para corroborar dichas teorías.


Se estima que alrededor del 2% de la población adulta de mediana edad (entre 35 y 55 años) lo padece y es mucho más prevalente en mujeres que en hombres (80% frente al 20%). En España el porcentaje de mujeres jóvenes que lo sufre es del 3-6%.

Parece que las personas que padecen artritis reumatoide, artritis espinal, lupus y otras enfermedades autoinmunes son más susceptibles de desarrollar fibromialgia. El factor genético sigue siendo un enigma en la predisposición.

El 12 de mayo se celebra el Día Mundial de la Fibromialgia.


Los síntomas más habituales de la fibromialgia se manifiestan de la siguiente manera:

  • Dolor crónico generalizado que no cursa con inflamación, especialmente en músculos, articulaciones, tendones y vísceras; con especial intensidad (sensación de quemazón y punción) en las regiones de brazos, caderas, cuello, zona baja de la espalda, hombros, pecho y muslos.
  • Sensación de fatiga constante y cansancio extremo.
  • Alteraciones en el sueño (no reparador) e insomnio.
  • Alteraciones gastrointestinales: Reflujo, ardor de estómago, gases, problemas de deglución y síndrome del intestino irritable que cursa con periodos de estreñimiento y/o diarrea.
  • Alteraciones psicológicas: ansiedad, depresión y estrés.
  • Dolor abdominal y de cabeza.
  • Hipersensibilidad térmica.
  • Hormigueo en las extremidades inferiores.
  • Mareos.
  • Menstruación dolorosa.
  • Problemas de memoria y de concentración.
  • Problemas urinarios.
  • Rigidez muscular matutina.
  • Sequedad de mucosas, especialmente la ocular y bucal.

Pese a que la intensidad de los síntomas depende de factores ambientales (ruido intenso, ansiedad, estrés…), la fibromialgia no es en ningún caso mortal, aunque sí se considera una enfermedad incapacitante ya que, depende de las características individuales del enfermo y el estadío en el que se encuentre la enfermedad, puede hacer imposible hasta subir escaleras o levantar objetos.

La evolución de la fibromialgia depende mucho de la persona que lo padezca.

Asimismo, estos pacientes se sienten poco comprendidos en una sociedad que no entiende su padecimiento, haciendo que los trastornos psicológicos se agraven.


Debido a la complejidad de la enfermedad y al numeroso abanico de síntomas que pueden presentar es habitual que en ocasiones no se diagnostique adecuadamente.

El proceder habitual se basa en el descarte de otras enfermedades, por lo que se debe hacer una historia clínica completa que incluya un exhaustivo examen físico. Además deberán realizarse los siguientes estudios:

  • Análisis sanguíneos que incluyan parámetros hormonales.
  • Pruebas de radiología para descartar enfermedades nerviosas, óseas o musculares.
  • Electromiografía para conocer el estado del sistema nervioso y muscular.

El tratamiento ofrecido a estos pacientes consiste en una mejoría de su calidad de vida, ya que, al ser crónica, no existe una cura como tal, por lo que el abordaje debe realizarse en las diferentes esferas disciplinares: medicina, fisioterapia, nutrición, terapia ocupacional, farmacología…

El tratamiento nutricional para hacer frente a esta enfermedad se basa en las premisas de la alimentación saludable que se aconsejan a toda la población, haciendo especial hincapié en los siguientes enunciados:

  1. Deben consumirse alimentos ricos en vitaminas y minerales, ya que las necesidades se encuentran aumentadas, especialmente en Vitaminas antioxidantes (C, A y E) y del grupo B y D, Minerales como el Calcio, Magnesio, Selenio, Zinc, Yodo y Hierro y ácidos grasos Omega-3.
  2. Predominar los alimentos naturales a los procesados.
  3. Comer más alimentos de origen vegetal (frutas, verduras, cereales, frutos secos, legumbres…) que de origen animal.
  4. Consumir más cantidad de pescado que de carne, especialmente pescado azul.
  5. Incluir yogures o leches fermentadas de manera habitual.
  6. Consumir de manera controlada los alimentos de la familia de las Solanáceas (berenjena, patata, tomate, pimiento…)
  7. El consumo de suplementos vitamínicos y sustancias probióticas encapsuladas deberá ser valorado por un médico.
  8. Abandonar el hábito tabáquico y el alcohol.
  9. No consumir alimentos con cafeína y excitantes, tales como refrescos con gas, café, chocolate, cacao o té.
  10. Realizar ejercicio físico moderado de manera frecuente (yoga, pilates…)

Algunas fuentes bibliográficas insisten en el seguimiento de alimentación ortomolecular, aunque lo más recomendable es ponerse en manos de un dietista-nutricionista titulado que pueda establecer una alimentación totalmente equilibrada, variada y adaptada a las necesidades individuales del paciente. Se debe contactar con uno de ellos, especialmente si se padece sobrepeso, obesidad o trastornos derivados de la fibromialgia, tales como síndrome del intestino irritable.

Ciertas sustancias de herbolario (aloe, equinacia, manzanilla, pasiflora, romero, trébol rojo y valeriana) parecen mejorar en cierta medida algunos síntomas de la fibromialgia. Antes de consumirlos, se debe informar al médico responsable de su tratamiento.

Parece haber una mayor prevalencia de alergias alimentarias en los pacientes que sufren fibromialgia.




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