Alimentación según estado de salud

En los últimos años, el avance significativo de los conocimientos científicos relacionados con la Nutrición, la Biología y la Genómica ha provocado grandes cambios y avances en lo que se refiere a la relación existente entre salud y enfermedad, conjuntamente con los alimentos que ingerimos, los hábitos y el estilo de vida de cada persona. Estos avances han puesto de manifiesto que muchas patologías tienen un trasfondo nutricional; hecho que pone en evidencia que la alimentación desempeña un papel importante en la prevención de la enfermedad, así como parte del tratamiento terapéutico de muchas patologías.

Descubre cómo puedes mejorar tu salud y calidad de vida a través de una adecuada pauta de alimen-tación, seleccionando tu trastorno o patología.

Y, para más ayuda, aquí encontrarás unos menús orientativos que te ayudarán a llevarla a cabo.

 


Colon irritable

Qué es y a qué se debe
Quién lo sufre
Síntomas y signos
Diagnóstico
Tratamiento Nutricional


El Síndrome del Intestino Irritable, Colon Irritable, Colitis Espástica o Colon Espástico es el trastorno a nivel digestivo más común en las consultas de gastroenterología a día de hoy. Se debe a la disfunción de movilidad del intestino (peristaltismo) que provoca una descoordinación de movimientos.

Esta enfermedad es crónica y, aunque son muchas las hipótesis sobre su aparición, lo cierto es que aún no se sabe cuál es su causa única y principal. Diferentes estudios han demostrado la relación directa entre el estrés y el empeoramiento de la sintomatología. Otras alteraciones, como las intolerancias alimentarias u hormonales y ciertos factores genéticos también influyen en este trastorno.


La incidencia en los países desarrollados alcanza valores de hasta el 20% y especialmente son mujeres jóvenes las que lo padecen.


Para algunas personas, este síndrome influye negativamente en su vida diaria, incapacitándoles para trabajar, asistir a eventos sociales… en resumidas cuentas, para mantener una vida laboral y social normal.

La sintomatología asociada a esta enfermedad suele ser de carácter leve aunque muy molesta. Algunos de los síntomas y signos más habituales están relacionados con el dolor y distensión abdominal, vómitos, pirosis, estreñimiento o diarrea. Es bastante común que los episodios de diarrea se alternen con los de estreñimiento, provocando una auténtica odisea para los enfermos, los cuales dudan sobre qué pautas alimenticias deben seguir.

Las molestias suelen aparecer justo después de comer, sin embargo a veces son intermitentes. Frecuentemente la intensidad de las molestias disminuye con las deposiciones.


El diagnóstico es por exclusión, eso significa que se determinará que se trata de este síndrome tras haber realizado las pruebas que descartan cualquier otra patología orgánica. Se realizan análisis de sangre, orina y heces, colonoscopias y estudios de imagen, como ecografías abdominales.

El criterio de Roma III es el comúnmente utilizado en las consultas de gastroenterología y se basa en confirmar que se padece este síndrome cuando en el último año se han presentado, al menos durante 12 semanas, incomodidad o dolor abdominal y que, además, se cumpla con dos de las siguientes premisas: alivio al defecar y/o cambios en la frecuencia defecatoria y/o cambios en la apariencia normal de las heces.


El tratamiento de esta enfermedad puede orientarse hacia el control de los síntomas asociados mediante el uso de fármacos, técnicas de relajación y medidas dietéticas. En ocasiones, el simple hecho de introducir ciertas pautas en la alimentación se traduce en una mejora considerable de los efectos negativos del síndrome. Sin embargo, la variabilidad individual juega un papel muy importante en estos enfermos y que una pauta sea favorable para uno, no significa que se pueda generalizar para el resto.

Aunque algunos afectados tienden a limitar el consumo de ciertos alimentos por defecto, no es aconsejable seguir esas prácticas, pues se puede fomentar el desarrollo de carencias nutricionales.

Las recomendaciones dietéticas a considerar por los afectados se describen a continuación:

  • Se deberá seguir una dieta basada en la Mediterránea, que contenga gran variedad de alimentos y que sea equilibrada.
  • Consumir al menos 2 yogures desnatados diarios: Las leches fermentadas como koumiss, kéfir o yogur son hábiles aliados en la prevención de patologías digestivas. Sus bacterias lácticas, especialmente si están enriquecidos en ellas, favorecen el estado de nuestra flora colónica, previninedo la aparición de diarreas.
  • Evitar las preparaciones muy grasas, como los fritos y rebozados, guisos o estofados y bollería industrial. Además, se prestará especial atención a los alimentos cuya composición es rica en aceite o grasa, como los embutidos, la nata…
  • Se evitarán los alimentos denominados “irritantes” como los que contienen cafeína (té, café), las especias picantes, el chocolate, las bebidas carbonatadas y el alcohol. El hábito tabáquico también debería eliminarse.
  • Las legumbres deberán consumirse preferiblemente trituradas.
  • Ciertas verduras son flatulentas, como la cebolla, las coles y el puerro. Evítelas si ve una relación directa entre su consumo y el empeoramiento de los síntomas.
  • Los alimentos muy fríos o calientes suelen provocar una disminución de la consistencia de las heces, por lo que es preferible consumirlas a temperaturas templadas.



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