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LA DISTORSIÓN DE NUESTRA IMAGEN CORPORAL

Las sensaciones de los alimentos

Cada día, en todo momento y en cualquier parte, recibimos estímulos de nuestro alrededor y los encargados de receptarlos, son nuestros sentidos. En el momento de levantarse, de coger el transporte público, de encontrarse con una persona en un bar, etc., percibimos sensaciones que nos pueden agradar o disgustar, pero existen. Y lo mismo pasa en el momento de degustar la comida, los alimentos, que nos nutren cada día, son el mayor estímulo para nuestros sentidos: la vista, el olfato, el gusto y el tacto (textura o sensación en la boca).

El cerebro es una máquina perfecta que controla todo lo que nuestro organismo necesita pero, además, es el órgano que registra todas nuestras percepciones. En nuestra memoria quedarán grabados los platos más exquisitos y nuestras aberraciones hacia alimentos que nos provocan malestar, con sólo nombrarlos. Será un diario de nuestra vida y también de nuestros gustos culinarios, a través de los cuales nos nutriremos cada día y en los que se basará nuestra dieta. Se trata de un aprendizaje que tendrá lugar a lo largo de nuestra vida y que cobra mayor importancia en la etapa de la infancia. ¿Quién no recuerda un plato que nos hacían comer de pequeños y que no nos gustaba nada? ¿Y quién no sonríe con sólo pensar en el plato que nos preparaba la abuela y que tanto nos gustaba?

Cuando llega la hora de la comida no basta con ingerir lo que tenemos en el plato y valorar si ha sido bueno o malo. Para poder hacer una buena apreciación, tenemos que analizar organolépticamente el plato, es decir, detenernos en su estructura y  en los colores que contiene, en el olor que nos aporta, en el sabor que nos trae al ponerlo en la boca y en la textura al masticar, así como la sensación después de haberlo ingerido. Todas estas apreciaciones nos aportarán placer y satisfacción.

La forma de enfrentarnos a la comida está ligada a la manera de ser de cada persona, y a su forma de comportarse ante las distintas situaciones de la vida. Es decir, no actuará de la misma forma ante la comida, una persona positiva que una persona más negativa. Vamos a ver un ejemplo, la primera podrá encontrar el placer en las pequeñas cosas como: comer una fresa madura, recién comprada, limpia y fresca. Podrá apreciar el color rojo intenso de la pieza, el olor, el dulzor del azúcar y la textura crujiente de las semillas. En cambio, la segunda pensará en una simple fresa, que come porque es la fruta de temporada y es algo que llevarse a la boca para pasar el hambre, o precisará algún complemento, como nata o azúcar. Las dos personas, en definitiva, podrán estimular los sentidos mediante la comida, pero de diferente manera.

A esto se suma que las sensaciones a la hora de comer son personales e intransferibles y están rodeadas de múltiples condicionantes individuales. Así, a algunos les gustan las acelgas y a otros no, unos prefieren los helados y, otros los bocadillos, etc.

Sin los sentidos, la comida sería un simple acto que realizar a lo largo del día.

No obstante no hay que olvidar que dentro del mundo de las sensaciones alimentarias, puede caerse en situaciones extremas que desembocarán en problemas serios para la salud.



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