Como ya hemos visto, la distribución de la ingesta diaria quedaría distribuida de la siguiente manera: desayuno, media mañana, comida, merienda y cena. El número de comidas diarias y, sobretodo, la cantidad de las mismas depende de cada persona, de su actividad laboral, del estilo de vida, etc.
El desayuno, la comida y la cena, son las 3 principales comidas; mientras que la toma de media mañana y la de media tarde deberán ser más ligeras y nos servirán para recuperar la energía que vamos utilizando a medida que transcurre el día. Además, evitaremos llegar con demasiada hambre a las comidas principales, cosa que podría acabar provocando que comiéramos demasiado rápido y más de lo que realmente necesitamos.
Sin embargo, no debemos confundir los tentempiés de media mañana y media tarde con el denominado “picoteo”; hábito muy relacionado con los alimentos ricos en azúcar, grasas, sal, etc. y con una baja calidad nutricional. Debemos adoptar unos horarios acorde con nuestras necesidades y establecer, de antemano, qué vamos a consumir para poder pasar la mañana y la tarde de la mejor manera posible, sin pasar hambre y dándole a nuestro organismo el aporte extra de energía justo y necesario para ese momento.