VENTAJAS E INCONVENIENTES DE SU CONSUMO

Ventajas:

Si nos centramos en las ventajas que nos aporta la introducción de las salsas en nuestras preparaciones culinarias, debemos indicar la capacidad de realzar el sabor y la textura de los alimentos que acompañan, así como la infinidad de opciones que presentan en la decoración del plato, haciendo que éste sea más llamativo y apetecible. Esto último, es especialmente importante cuando hablamos de la alimentación de los más pequeños, ya que junto con algunos mayores sienten cierta reticencia hacia el consumo realimentos tan necesarios como las verduras, las hortalizas y el pescado, entre otros. Por todo ello, si conseguimos hacer más llamativos y sabrosos platos o alimentos que hasta ahora rechazaban, podemos conseguir que los acaben aceptando en su pauta de alimentación habitual.

Asimismo, las salsas pueden utilizarse para introducir nutrientes no presentes inicialmente en los alimentos que acompañan, es decir, sirven para enriquecer el plato. En este aspecto, son muy adecuadas para aquellas personas con falta de apetito, como niños, enfermos y ancianos, ya que podemos conseguir que aumente el valor calórico del plato sin aumentar demasiado el volumen del mismo, consiguiendo aumentar la proporción de nutrientes en cada mordisco.

Inconvenientes:

Sin embargo, a la hora de elegir una salsa debemos tener en cuenta algunas características importantes. Debemos partir de la premisa de que estas mezclas se deben enmarcar en un tipo de alimentación equilibrada, variable y saludable. En algunas ocasiones, el uso de salsas se relaciona con hábitos de alimentación poco saludable, como la comida rápida. Sin duda, el principal escollo que puede plantearse se relaciona con la composición. Si los alimentos que forman parte de la salsa son muy calóricos, la cantidad de calorías totales que nos aportará el plato será muy elevada, pudiendo fomentar el desarrollo de enfermedades, como sobrepeso y obesidad.

Además, las salsas comerciales suelen tener una alta cantidad de sal y grasas saturadas, por lo que es preferible decantarse por aquéllas que contengan bajas proporciones de estas sustancias y, siempre que sea posible, elaborarlas uno mismo en casa consiguiendo no sólo que sean más saludables, sino incluso, mucho más sabrosas.

No obstante, las salsas caseras entrañan otros riesgos, como la presencia y desarrollo de bacterias como la Salmonella y el Staphylococcus aureus. Se estima que la mitad de las intoxicaciones (toxiinfecciones) alimentarias se relacionan con Salmonella, especialmente por las preparaciones que contienen entre sus ingredientes huevo crudo, como en el caso de la mayonesa.

Es vital mantener correctas prácticas de higiene y manipulación para evitar el desarrollo bacteriano, de ahí que la normativa española recogiera en 1984 la Reglamentación Técnico-Sanitaria para la elaboración, circulación y comercio de salsas de mesa y, en 1991 las normas para la preparación y conservación de la mayonesa de elaboración propia y otros alimentos de consumo inmediato en los que figure el huevo como ingrediente. Desde ese mismo año existe la prohibición de usar huevo crudo en los bares y restaurantes para la elaboración de salsas.

En épocas de calor la mejor prevención contra la salmonelosis consiste en evitar su consumo si se ha preparado artesanalmente y decantarse por el producto comercial. Sin embargo, algunas personas prefieren elaborarlo en casa. En ese caso, lo ideal es incluir un ácido en la composición de la mayonesa, como pueden ser el zumo de limón o el vinagre, además de su consumo casi inmediato. El resultado de esta incorporación será una mayor acidez del producto que evitará la posible multiplicación y desarrollo de la bacteria.

Asimismo, es conveniente recordar que el origen de la Salmonella es fecal, por lo que antes de utilizar el huevo es recomendable limpiar la superficie con un paño algo humedecido, NUNCA limpiarlo directamente con agua bajo el grifo, ya que la cáscara es porosa, por lo que esta acción podría facilitar la introducción de gérmenes al interior del huevo. Además, antes de mezclarlo con el resto de ingredientes, es necesario comprobar que no han quedado trozos de cáscara junto al huevo.

En el caso de la contaminación por Staphylococcus aureus, su origen reside básicamente en una manipulación inadecuada y una falta de higiene durante la elaboración de las salsas, que hace que la bacteria presente de modo natural en piel, nariz, boca y pelo, pase al alimento. Por ello, es imprescindible seguir unas normas de higiene estrictas en la cocina para evitar riesgos de este tipo.

Por último, es importante resaltar que la salsa preparada debe conservarse en refrigeración el tiempo previo a su consumo y el sobrante debe desecharse tras la comida. No es aconsejable guardar salsas artesanas para sucesivas ocasiones por los riesgos mencionados anteriormente.




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