NECESIDADES DE YODO DURANTE EL EMBARAZO Y LA LACTANCIA

El yodo es un mineral imprescindible para la producción de las hormonas T3 y T4 necesarias para el correcto funcionamiento del organismo y que son generadas por las glándulas tiroides. La etapa gestacional es vital para el correcto desarrollo y funcionamiento del sistema nervioso central del feto, que se produce sobre todo en el primer trimestre del embarazo. Sin embargo, es necesario que los niveles de yodo sean adecuados no sólo antes, sino durante la gestación y también tras el parto, durante el periodo de lactancia.

Las necesidades de yodo son variables según la etapa de la vida en la que nos encontremos. En la infancia, embarazo y lactancia son más elevadas. En gestación están tan incrementadas que habitualmente una alimentación estándar no es suficiente, por lo que es importante incluir ciertas modificaciones y utilizar suplementos, incluso antes de quedarse embarazada a fin de conseguir unos buenos depósitos en los que apoyarse posteriormente.

La eliminación de yodo a través de la leche materna constituye la única fuente de este mineral al bebé, el cual será utilizado para su desarrollo cerebral y crecimiento. Tanto es así que en 1992 se logró un consenso para que las fórmulas infantiles artificiales contuvieran 10 µg de yodo/100 ml y el doble para las fórmulas diseñadas para prematuros.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la United Nations International Children's Emergency Fund (UNICEF) y el Consejo Internacional para Controlar Desórdenes de Deficiencia de Yodo (ICCIDD), las recomendaciones mínimas de yodo según el momento vital establecidas en 2005 son las siguientes:

Grupo gestacional

Cantidad de yodo (µg yodo/día)

Bebés prematudos >30 µg/Kd/día
Niños <6 años 90
Niños 7-10 años 120
Adultos 150
Mujeres embarazadas 250 - 300
Mujeres lactantes 225 - 350

La manera más común de valorar la cantidad de yodo que una persona posee consiste en la medición del yodo urinario, es decir, la concentración en orina recogida durante 24 horas.

Déficit de yodo: Causas y Consecuencias

Algunos autores establecen que más de 50 tóxicos ambientales, químicos externos, infecciones, enfermedades y deficiencias nutricionales de las mujeres pueden afectar muy negativamente a la reproducción y gestación, y que todos ellos podrían prevenirse. Uno de estos factores se relaciona con el consumo insuficiente de yodo y ácido fólico en la dieta de la mujer gestante, cuya consecuencia más inmediata es la aparición de defectos en la formación del feto.

Mientras que en los países desarrollados el riesgo es menor por los programas de información y acceso de amplia gama de alimentos en la dieta habitual de estas mujeres, en los países en vías de desarrollo es una causa muy habitual de trastornos neurológicos en niños y adultos. La OMS establece que alrededor de una cuarta parte de la población mundial no consume suficiente yodo en su dieta.

La OMS considera que el déficit de yodo es la principal causa de lesión cerebral en los niños y que, a diferencia de otros desencadenantes, puede prevenirse.

El déficit de este mineral se relaciona con muchas anomalías, los denominados Trastornos por Deficiencia de Yodo (TDY), cuyos efectos dependerán de la intensidad y de la edad en la que aparezcan.

Incluidos en este grupo de anomalías se encuentra el bocio (agrandamiento de la glándula tiroides) e hipotiroidismo como efecto directo en adultos y el trastorno mental y psicológico y cretinismo (grave retraso físico e intelectual), como efecto indirecto en niños.

Una carencia durante la etapa gestacional puede provocar peligrosos daños a la madre y al feto: abortos, malformaciones del sistema nervioso del feto, retraso mental (cretinismo neurológico), sordomudez, estrabismo, enanismo (cretinismo mixedematoso), hipertensión, bocio o hipotiroidismo neonatal, entre otros. El padecimiento de hipotiroidismo en la infancia es menos peligroso que durante la gestación y la lactancia, pero aún así, debe considerarse y prevenirse.

Estudios clínicos en los que se ha analizado es la repercusión del déficit de yodo materno en el desarrollo neuropsicológico de sus hijos se ha comprobado que el coeficiente intelectual y el rendimiento cognitivo de los niños nacidos de madres con hipotiroidismo (resultado de bajos niveles de yodo) tratado de manera farmacológica, era similar al de hijos de madres con concentraciones normales de hormona tiroidea normal, es decir, el déficit de yodo tratado farmacológicamente durante la gestación previene el desarrollo de alteraciones neurológicas y retraso mental en los niños.

Dónde podemos encontrar yodo

Para la prevención del déficit de yodo debe seguirse una dieta variada y equilibrada, en la que primen los alimentos ricos en este mineral y se limiten los que impidan su correcta absorción y aprovechamiento. Asimismo debe asegurarse una pauta habitual de ejercicio físico, ya que éste favorece la producción de hormonas tiroideas.

Los alimentos que mayor proporción de yodo contienen son los pescados marinos, crustáceos, algas y mariscos.

En cereales, tubérculos y legumbres se tendrá en cuenta que la cantidad de yodo dependerá de la cantidad que exista en el terreno en el que se cultiva.

La medida más utilizada para asegurar la ingesta adecuada de yodo en la población consiste en la comercialización de sal de mesa yodada. Esto no significa que deba incrementarse su uso, sino ser la sal de elección para el cocinado, siguiendo un consumo moderado. En un estudio realizado con el propósito de establecer la repercusión del consumo habitual de esta sal en gestantes y lactantes se determinó que éstas lograban tener las cantidades recomendadas de yodo en su alimentación.

Existe un tipo de alimentos denominados bociógenos que impiden la óptima absorción y aprovechamiento del yodo en el organismo, dentro de los cuales se encuentra: berza, verduras del género Brassicae (brócoli, coles de Bruselas, repollo…), mandioca, mostaza, nabo, remolacha, mijo, harina de soja, nueces, piñones, girasol, cacahuete, camote, aceite de cánola y maíz. Su efecto inhibidor se elimina en gran parte tras la cocción.

El consumo de suplementos dietéticos y bebidas o productos enriquecidos en ciertos nutrientes es una práctica muy habitual en las mujeres embarazadas, ya que se ha comprobado el efecto positivo que ello conlleva. Algunos de los minerales y vitaminas que se han incluido son: hierro, calcio, zinc, cobre, yodo, selenio, vitaminas A, D, E, C, B1, B2, B6, y B12, ácido fólico, niacina y ácido pantoténico.

Entre las mejoras comprobadas se encuentra la prevención de estados carenciales y desarrollo de anemia, aumento de la longitud del bebé al nacer, reducción de la posibilidad de parto prematuro…

La lactancia materna debe potenciarse por parte de este colectivo, ya que permitirá que el bebé tenga acceso directo al yodo de la madre.

Siempre bajo prescripción médica debido al riesgo de interacción con otros medicamentos, podrá prescribirse tratamiento farmacológico de yodo en comprimidos o gotas en ciertos casos: mujeres que desean engendrar, gestantes, lactantes, niños con enfermedades nutricionales crónicas, malnutridos, los que siguen dietas de exclusión salina o los que no poseen acceso a alimentos ricos en yodo.

Alimento Cantidad de yodo [μg/100 g]
Lisa, llisa, mujol
Salmonete
Bacalao fresco
Mejillón
Abadejo
Bogavante
Langostino
Harina de maíz
Calamar
Ostra
Platija
Caballa
Atún
Jurel
Cangrejo
Acelgas
Queso Cheddar
330,0
190,0
170,0
105,0
103,0
100,0
90,0
80,0
64,0
58,0
53,0
51,0
50,0
48,0
40,0
39,1
39,0

 




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