Los responsables de las propiedades beneficiosas de estos alimentos son:
• Su riqueza en grasas monoinsaturadas (como el ácido oleico) y poliinsaturadas (especialmente ω3 y ω6). Ambos, juegan un papel importante en la prevención de enfermedades cardiovasculares y, por tanto, un consumo habitual, frecuente y siempre adecuándolo al valor calórico total diario de estos alimentos, puede mejorar nuestra salud.
• Por su parte, las frutas desecadas (pasas, ciruelas, higos, albaricoques desecados, etc.) aportan mucha energía en forma de hidratos de carbono de absorción rápida, y pueden utilizarse como alimento de reposición para deportistas y niños. Se pueden comer solas, acompañando un yogur o como ingrediente de algún postre.
• Tanto las semillas como las frutas desecadas, destacan por su alto contenido en fibra, soluble e insoluble. De hecho, las últimas, multiplican por 3 su concentración de fibra, si las comparamos con la misma fruta fresca. En general, mejoran el tránsito intestinal e intervienen en la previención de ciertos tipos de cáncer.
• Destaca su contenido en vitaminas:
• Aportan sustancias bioactivas, como antioxidantes y fitoesteroles, que protegen al organismo de los radicales libres que se producen, por ejemplo, durante el ejercicio físico
• Son fuente natural de minerales como el calcio (característica de especial relevancia en personas con alergia o intolerancia a los lácteos), el yodo o el magnesio, que intervienen en el desarrollo intelectual. Así como también, son ricos en hierro y fósforo, minerales muy indicados para deportistas o personas con un gran desgaste físico e intelectual.
• Además, los frutos secos son la mayor fuente natural de arginina, un aminoácido que juega un papel importante en la cicatrización, detoxificación, en las funciones inmunológicas y promueven la secreción de varias hormonas, incluyendo insulina y la hormona del crecimiento.
¿Por qué debemos comer frutos secos?
En restauración, los frutos secos pueden ser utilizados de muy diversas maneras: como ingrediente para postres, en dulces, como parte de salsas o condimentos, pero en nuestra sociedad, el consumo más habitual se produce en forma de snacks, bien sean fritos, salados o crudos.