Se suele decir “cuanta menos grasa tomes mejor, pues más peso perderás”.

Con el “boom” de los productos desnatados, existen muchas personas que tratan de consumir todo sin grasa. Hay gente que ¡parecen alérgicos a cualquier fuente de grasa! La grasa no es mala por ser grasa. Ingerir grasa es imprescindible para la vida. De hecho hay dos ácidos grasos esenciales (linoleico y linolénico) que nuestro cuerpo no puede sintetizar, y que son imprescindibles para nuestro organismo. Por lo que debemos ingerirlos para conservar nuestra salud. La grasa, pues, es necesaria, pero eso no quiere decir que podamos abusar de ella. Un gramo de grasa aporta 9 kilocalorías, por lo que a poco que nos pasemos en su ingesta, se dispararán las kilocalorías de nuestra dieta. Se recomienda consumir un 30% de las kilocalorías diarias en forma de lípidos (en España se acepta hasta un 35% por la elevada ingesta en aceite de oliva). Pero no sólo importa la cantidad sino también la calidad. Las grasas saturadas son grasas nada buenas para nuestra salud y, por ello, deben ser limitadas (por debajo del 10% de nuestra ingesta calórica total); las grasas monoinsaturadas son “buenas” para nuestro organismo y se deben tomar en un 15% más o menos y, los ácidos grasos poliinsaturados está claro que son muy importantes y se deben tomar en torno al 7 %. Podríamos reducir la grasa total de la dieta, por debajo del 30%, para tratar de reducir las kilocalorías. Sin embargo, si hacemos esto, debe ser a expensas de reducir la grasa saturada. En cualquier caso, la grasa total no tendría por qué bajar del 20% de las kilocalorías totales nunca.