Es de tu interés

LAS CÉLULAS GRASAS PARDAS PUEDEN CONVERTIRSE EN BLANCAS Y VICEVERSA
17-05-2013

Las bondades de la grasa

El Mundo

Jano es ese dios de la mitología romana que tenía dos caras mirando en direcciones opuestas. A este dios se le han otorgado muchos atributos relacionados con la dualidad, y si echamos la vista atrás (emulando una de sus caras) a la historia de la exploración científica, deberíamos entronizarlo también como el dios de la investigación (sobre todo nutricional). ¿Qué otro dios podría respaldar que lo que ayer era bueno hoy es malo o que lo que ayer era verdad hoy ya no lo es?

Acordémonos del colesterol, que saltó a la fama con la maldición de ser el responsable máximo de las enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, hoy en día hablamos del colesterol 'bueno' y del colesterol 'malo'. Igualmente hablábamos de cómo las grasas alimentarias ya no tenían el estigma generalizado de antaño y que las había malas (trans), menos buenas (saturadas) y buenas (monoinsaturadas y poliinsaturadas).

En los últimos días, Jano ha amparado también otro tipo de grasa, la corporal, esa que en la sociedad actual muchos vamos acumulando de una manera excesiva e indeseada. Una grasa que en el pasado remoto de la especie humana era, por el contrario, necesaria e incluso venerada ya que podía ser la diferencia entre la supervivencia y la muerte en los tiempos de hambruna.

Esa grasa, sabemos ahora, también viene en dos 'sabores' o mejor diríamos 'colores'. La menos buena, o grasa blanca, que sirve de almacén de energía; y la buena que es la grasa marrón (o parda) que consume energía. En nuestra especie, la primera es la más común y la segunda se pensaba que sólo existía en los bebés, pero más recientemente se ha demostrado que también existe en los adultos, sobre todo en la zona profunda del cuello y sus alrededores.

Por lo tanto, en esa lucha enconada contra la obesidad, la parda es nuestra aliada y la blanca, nuestra enemiga. Lo que está claro es que en los humanos las fuerzas enemigas arrasan numéricamente a las aliadas y así lo demuestra el hecho de que cada vez estamos perdiendo más y más terreno a la obesidad. Basados en estos conocimientos, existe un gran interés por ver si podemos hacer cambiar de chaqueta al enemigo y ponerlo de nuestra parte, es decir, por convertir la grasa blanca en parda y que, desde su nuevo bando, contribuya a 'quemar' los excesos de la primera.

En los últimos años, se han ido filtrando en la prensa científica informes positivos acerca de defecciones del campo blanco al pardo, pero en los últimos días la evidencia generada por científicos del Instituto de Alimentación, Nutrición y Salud de Zúrich, recogida en la revista 'Nature Cell Biology', ha sido más convincente que nunca. Aunque, como ocurre frecuentemente, el trabajo se ha llevado a cabo en ratones y su éxito en humanos se ignora por ahora.

A este respecto, ya se había observado y demostrado que los humanos (como los ratones) somos capaces de adaptarnos al frío produciendo células grasas pardas dentro del tejido adiposo blanco. Pero se pensaba que este proceso era exclusivo de unas pocas células especiales que estaban capacitadas para tal transformación y que desaparecían cuando no eran ya necesarias. Lo que estos investigadores han demostrado por primera vez es que las células grasas blancas pueden convertirse en pardas y viceversa dependiendo de la temperatura del medioambiente. Es decir, las blancas se transforman en pardas a bajas temperaturas y éstas revierten a blancas cuando la temperatura retorna a niveles más altos.

Ante tal descubrimiento, la cura de la obesidad parece obvia: emigrar todos a los polos (ecológicamente no muy recomendable) o transformar nuestros dormitorios en neveras (poco atractivo porque no conseguiríamos el propósito buscado si nos cubrimos con múltiples mantas). Por lo que estas sugerencias tendrían un éxito similar en la lucha contra la obesidad al que han tenido otras soluciones previamente predicadas. Por lo tanto, el reto está en desvelar los mecanismos moleculares responsables de esta 'inter-conversión' que nos permitan descubrir recomendaciones y terapias más exitosas y llevaderas a través de la alimentación o incluso de la farmacología.

 

 

+Info

 


TRES INVESTIGACIONES COINCIDEN EN QUE SE CONSUME MÁS SAL DE LA RECOMENDADA
08-04-2013

Los alimentos industriales, culpables del abuso de sal

El Mundo

Hombres y mujeres, ricos y pobres, niños y adultos. La sal no entiende de fronteras ni de clases sociales. Varios estudios que se presentan en una de las sesiones científicas de la Academia Americana del Corazón (AHA) alertan esta semana de que todos los países del mundo (con la honrosa excepción de Kenia) superan las recomendaciones sobre el consumo diario de sal.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) aconseja no tomar más de 2 gramos de sodio al día (el equivalente a 5 gramos de sal, es decir, una cucharadita). La propia AHA estadounidense, por su parte, reduce aún más esta 'cifra recomendada': a tan sólo 1,5 gramos diarios (que serían tres gramos de sal). La sal de mesa (cloruro sódico) está compuesta por un 40% de sodio y un 60% de cloro; pero no es nuestra única fuente de sodio: El 70% de la ingesta se debe a la sal la que se añade a los alimentos industriales en los procesos de fabricación en forma de conservantes o aromatizantes.

En total, el 75% de la población mundial consumo el doble de sodio de lo recomendado, según las investigaciones del doctor Saman Fahimi, de la Escuela de Salud Pública de Harvard (EEUU), cuyos resultados podrían ver la luz este mismo año en una revista médica con todos los datos desglosados por países, según él mismo explica a ELMUNDO.es. Fahimi empleó para sus estadísticas datos extraidos del Estudio de la Carga Global de Enfermedades, un amplio trabajo que esta misma semana ha permitido también conocer los riesgos del abuso de los refrescos.
Y aunque Fahimi no puede detallar por el momento en qué lugar queda España, sus datos globales son prácticamente un espejo de los que maneja la Agencia Española de Seguridad Alimentaria, que calcula que el 80% de los españoles consume más sal de la recomendada con una media de 9,9 gramos de sal al día (prácticamente el doble de lo que se considera saludable). Los países con mayor consumo de sodio en la clasificación realizada por Fahimi son Kazajstán (con más de 6 gramos diarios de sodio, es decir, alrededor de 12 gramos de sal), Mauricio y Uzbekistán. Entre los países 'menos salados' figuran Kenia y Malawi (los únicos que cumplen con la cifra de 2 gramos).

"Para la mayor parte de países desarrollados, con rentas alta y media, el sodio procede mayoritariamente de alimentos precocinados, pan, quesos, conservas... en los que se usa sobre todo como conservante, más que para dar sabor", explica el investigador a este periódico. "En los países asiáticos, en cambio, la mayor parte del sodio ingerido procede de las salsas de soja y de la sal de mesa". A su juicio, estos datos son la demostración más evidente de que "ni la industria ni las autoridades están haciendo lo suficiente para reducir los niveles de sal".

 

 

+Info

 


PEQUEÑOS CAMBIOS EN LOS COMEDORES DE LOS COLEGIOS FAVORECEN OPCIONES MÁS SALUDABLES
18-03-2013

Nueva

El Mundo

Parece que los grandes cambios no son el mejor camino, al menos en lo que se refiere a las directrices dietéticas que el Departamento de Agricultura de EEUU impulsó el año pasado en los comedores escolares de EEUU. Ahora, un estudio publicado en 'Pediatrics' propone un nuevo plan menos restrictivo y más atractivo para conseguir que los estudiantes adquieran mejores hábitos alimenticios y se consiga así reducir la tasa de obesidad.

Las medidas que se impusieron y promovieron a través de la campaña 'Let's move' (liderada por Michelle Obama) consistían, fundamentalmente, en duplicar la cantidad de verduras, limitar los productos lácteos a los desnatados y reducir la sal y ciertas grasas. "Reducía, por ejemplo, la frecuencia las patatas fritas y ofrecía más cereales integrales. Desafortunadamente, forzar a los niños a tomar alimentos saludables puede provocar el efecto contrario e incrementar la resistencia del menor a ser persuadido", argumenta Andrew Hanks, uno de los autores del documento.

Existe una posible solución a este problema y está basada en un principio de la ciencia del comportamiento: 'Paternalismo libertario'. Es decir, "influir, no restringir". ¿Cómo? Según reza el estudio, "introduciendo algunas modificaciones en las cafeterías y los comedores que aumente el atractivo de los alimentos saludables para animar a los estudiantes y que sean ellos mismos quienes tomen la decisión más correcta". Por ejemplo, con carteles con mensajes como '¿Te gustaría probar esta manzana?, con la exposición de fruta fresca en bonitos fruteros y colocados cerca de la caja registradora, verduras etiquetadas con nombres descriptivos, ensaladas con muy buena presencia, zumos de fruta expuestos junto a los helados, fotos tentadoras de los menús ofertados (incluyendo la fruta), creativos sandwiches de frutas y verduras, etc.

 

 

+Info

 


SUPLEMENTOS ALIMENTICIOS
14-03-2013

Embarazo, la vitamina D y las alergias alimentarias

El Mundo

Somos lo que comemos, lo decía el 'maestro' de la buena alimentación Francisco Grande Covián. Pero él también comentaba a menudo acerca del arraigo de la cocina materna en nuestros hábitos nutricionales y en la memoria durante toda nuestra vida. Algo que queda bien plasmado en el personaje de Anton Ego de la película animada 'Ratatouille'. Pero más remoto todavía que los recuerdos de la niñez, está ese periodo sin memorias conscientes por nuestra parte, en el que todavía estábamos dentro de nuestra madre y cuya importancia ya adivinábamos, pero cuyo detalle en términos de impacto sobre la salud durante todas las etapas de la vida sólo hemos empezamos a comprender en los últimos años.

El embarazo es un período crítico en el que existe una íntima y directa relación biológica entre el hijo y la madre y que define el desarrollo inicial del bebé. Esta fase es esencial también para preparar al bebé para un crecimiento y supervivencia óptimos fuera del útero. Por lo tanto, un buen ambiente físico y psicológico materno, incluyendo una buena nutrición, son factores clave que influyen tanto en la salud inmediata del recién nacido como en sus etapas posteriores de la vida.

Durante ese periodo, la madre procura hacer todo lo que está en su mano para proporcionar al bebé que está creciendo la mejor alimentación posible. Tradicionalmente, esto se conseguía siguiendo los consejos de su propia madre y quizá dejándose llevar por los 'antojos' (aunque esto ultimo siempre ha quedado más en tela de juicio).

Hoy en día, la madre se encuentra con numerosos mensajes de todo tipo y hay que reconocer que resulta difícil navegar por este mar picado de información nutricional. Las conclusiones de las investigaciones que se están llevando a cabo sobre este respecto parecen conducirnos siempre a la misma conclusión que ya hemos mencionado repetidamente en éste y otros foros: la virtud está en el medio y la mejor herramienta es el sentido común.

A este respecto, un estudio reciente examina el efecto que niveles altos de vitamina D pueden tener sobre los primeros años de vida del recién nacido. Sabemos que la vitamina D está de moda. Primero, considerada como esencial para la salud ósea; ahora se ha erigido como panacea para todas las enfermedades de la sociedad moderna. La epidemiología nos dice que la población es deficiente en vitamina D y por lo tanto debemos aumentar sus niveles aunque sea a base de suplementos. Por otra parte está el, quizá falso, sentido de seguridad de que es difícil llegar a niveles tóxicos. Sin embargo, la experiencia nos ha demostrado repetidamente que cuando a un sistema biológico se le saca de su equilibrio, en algún lugar u otro algo se 'rompe'.

Por lo tanto, no debemos contentarnos con demostrar que algo no es tóxico sino que debemos asegurarnos de que su uso responde a nuestro mejor interés saludable. Esto queda demostrado en relación a la vitamina D y el embarazo en un estudio recientemente publicado por investigadores alemanes en la revista 'Allergy'. Estos investigadores examinaron si los niveles de vitamina D en la madre podrían estar relacionados con el aumento de alergias a los alimentos que se ha venido observando en los países industrializados en las últimas décadas.

Poner en tela de juicio a un nutriente del prestigio y popularidad de la vitamina D parece descabellado, pero su posible implicación en las alergias ya se venía sospechando desde el siglo pasado. Con el objetivo de profundizar e intentar aclarar más este asunto tan relevante, los investigadores midieron los niveles de vitamina D en la sangre de 622 madres durante su embarazo y en los cordones umbilicales de sus 629 bebes. Estos últimos fueron seguidos durante dos años para recopilar información acerca de su salud y sus alergias.

Los resultados fueron evidentes, la aparición de alergias alimentarias (por ejemplo a la leche, al huevo, a la harina de trigo, a los cacahuetes, a la soja...) era significativamente mayor entre aquellos niños cuyas madres tenían niveles más altos de vitamina D durante el embarazo que aquellos cuyas madres los tenían más bajos.

 

 

+Info

 


UN ESTUDIO ESPAÑOL APORTA LA MAYOR EVIDENCIA CIENTÍFICA DE LOS BENEFICIOS DEL ACEITE DE OLIVA
04-03-2013

Dieta mediterránea con aceite de oliva o frutos secos : el mejor aliado cardiovascular

El Mundo

La ciencia llevaba muchos años apuntalando las bondades de la dieta mediterránea. Pero esta semana, el patrón alimenticio -ya Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad- ha recibido el espaldarazo definitivo gracias a los resultados de un macroestudio con sello español.

Este trabajo, en el que han participado 17 grupos de investigación del Centro de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBERobn), aporta una prueba clara de la protección cardiaca que confiere este tipo de ingredientes, por otra parte tan habituales en nuestro país. Según sus datos, publicados en la revista 'The New England Journal of Medicine', la dieta mediterránea, acompañada de aceite de oliva virgen extra o frutos secos, reduce la incidencia de problemas graves cardiovasculares -como los ictus o los infartos- en un 30%.

La investigación ha realizado un seguimiento a casi 7.500 participantes de distintas regiones de España durante una media de cinco años. Cuando comenzó el análisis, allá por el año 2003, ninguno de estos pacientes presentaba un problema cardiovascular, sin embargo, todos ellos tenían altas probabilidades de desarrollarlo en el futuro ya que padecían problemas como la diabetes o presentaban al menos tres de los factores de riesgo clásico: tabaquismo, hipertensión u obesidad.

De forma aleatoria, cada una de estas personas fue incluida en uno de los tres grupos que los investigadores querían analizar. Así, el primero de ellos estaba diseñado para seguir una dieta mediterránea suplementada con aceite de oliva virgen extra (50 mililitros diarios); en el segundo se indicaba añadir frutos secos (30 gramos al día de nueces, avellanas y almendras) al mismo patrón general y, por último, en el tercero, considerado el grupo de control, los pacientes debían reducir la ingesta de grasas. En ningún caso se impuso a los participantes una restricción calórica. Sí hubo, en cambio, un apoyo y seguimiento del cumplimiento de la dieta por parte de dietistas.

Tras casi cinco años de seguimiento, los investigadores, comprobaron en primer lugar que, efectivamente, los miembros de los grupos con dieta mediterránea habían incrementado significativamente su consumo de semanal de pescado y legumbres, dos de los alimentos característicos del patrón. También era abundante la ingesta de aceite y frutos secos en cada grupo indicado.

Después, al analizar su estado de salud, los investigadores también comprobaron las consecuencias de este consumo. Según sus datos, entre estos participantes la incidencia de problemas graves, como ictus o infartos, era significativamente menor que entre quienes simplemente habían controlado su ingesta de grasas. De hecho, y debido a los buenos resultados, los investigadores pararon el estudio antes de la fecha prevista para que los participantes del tercer grupo pudieran beneficiarse de las excelencias de la dieta mediterránea suplementada con aceite de oliva o frutos secos.

 

 

+Info

 


HÁBITOS SALUDABLES
21-02-2013

Los médicos deberían aprender a cocinar antes de aconsejar

El Mundo

Muchas horas entre libros, días enteros de guardia en el hospital, cursos de especialización frecuentes... Se puede decir que los médicos son unos profesionales que han pasado gran parte de su vida formándose y que, una vez inician su faceta laboral, pasan mucho más tiempo centrados en su trabajo. Pero, cuando se trata de hacer recomendaciones prácticas sobre nutrición, ¿cómo de 'puestos' están? ¿Comparten con sus pacientes alguna receta saludable? ¿La cocinan, o ellos también recurren a la comida rápida?

Una investigación, que recoge esta semana la revista 'JAMA of Internal Medicine', fija el punto de atención precisamente en este tema y demuestra que, cuando el médico es consciente, sabe y recibe algunas clases culinarias, se ve más capacitado para transmitir mejor a sus pacientes trucos y nociones sobre nutrición y hábitos saludables.

"Rara vez los médicos y los expertos en cocina comparten información, estrategias e ideas sobre cómo estos dos tipos de profesionales podrían unirse para disminuir las tasas de obesidad y enfermedades relacionadas con la dieta y las elecciones en los hábitos de vida", señala David M. Eisenberg, médico de la facultad de Salud Pública y Medicina de la Universidad de Harvard, en Boston (EEUU) y autor de este artículo.

Eisenberg explica que, desde hace unos años, se creó un seminario 'Cocinas sanas, Vidas sanas- Cuidando de nuestros pacientes y de nosotros mismos' que se imparte a lo largo de cuatro días en la Universidad de Harvard y en el Instituto Culinario de América. En este curso se incluyen presentaciones de epidemiólogos, nutricionistas, cocineros, expertos en fisiología del ejercicio y especialistas del comportamiento. Los profesionales de la salud que se registran en este seminario (médicos, enfermeras, etc.) atienden estas charlas y también realizan talleres: de cocina, aperitivos sanos, degustación de platos...

Para comprobar que estos talleres y charlas son útiles para mejorar la salud de los médicos y de sus pacientes, Eisenberg realizó a 387 profesionales sanitarios que se registraron en este seminario una encuesta anónima antes de acudir a este seminario y tres meses después. De todos ellos, 219 completaron la encuesta previa y 192 realizaron el cuestionario de seguimiento.

Tras analizar las respuestas, se pudo comprobar que se habían producido una serie de cambios positivos en estos profesionales de la salud: se pasó de un 58% a un 74% de participantes que cocinaban con frecuencia su propia comida; un 64% de ellos (frente a un 54% en el inicio) era consciente de la ingesta de calorías que tomaba; aumentó un 16% el número de médicos que comía verduras con frecuencia; se incrementó un 10% la tasa de estos profesionales que consumía frutos secos; se duplicó (de un 46% a un 81%) la cifra de quienes se sentían con capacidad para valorar el estado nutricional de un paciente y la de quienes se veían capaces de realizar con éxito recomendaciones nutricionales y sobre el estilo de vida a personas con sobrepeso u obesidad.

 

+Info