Las necesidades nutricionales varían mucho a lo largo de la vida, por ello, la alimentación debe adaptarse a éstas. Existen situaciones fisiológicas muy concretas que requieren de una atención especial, en concreto, nos centraremos en el embarazo y la lactancia, la menopausia y la vejez.
Haz que tus hijos disfruten comiendo
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Cuando hablamos de hábitos de vida saludables, todos tenemos claro que la dieta debe ser variada y equilibrada y que debemos hacer ejercicio físico de forma regular. Y si encima hablamos de niños, aún lo tenemos más claro, o al menos, eso aseguramos. Pero la realidad es que el porcentaje de niños con sobrepeso u obesidad, en nuestra sociedad, aumenta día tras día, y eso acaba siendo un problema de todos. Fijémonos en todas las tareas que tienen que realizar nuestros hijos cada día: estudiar, ser los primeros de la clase, hacer deporte, jugar, divertirse,…, y, además, ¡CRECER! Eso nos demuestra que su dieta debe ser además de variada y equilibrada, saludable, suficiente y adecuada. Debe aportarles todos los nutrientes necesarios en las cantidades justas, para asegurar su óptimo crecimiento y desarrollo, y eso no siempre es fácil cuando su entorno (amigos, publicidad, etc.) les va influenciando en cuanto a qué comer (bollería, snacks, etc.) y a qué jugar (videoconsolas, juegos de ordenador, etc.). Por ello, debemos tener claras una serie de normas, consejos e ideas que nos harán más fácil, la difícil tarea de enseñar a comer a nuestros hijos. |
Adolescentes y alimentación, ¡cuidado!
Adultos y sanos
En el embarazo y la lactancia…
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El embarazo, o gestación, es un proceso fisiológico de una gran trascendencia biológica ya que permite la sobrevivencia de la especie. Como tal, debe tratarse de forma especial, sobretodo por los requerimientos nutricionales de que precisa y que permitirán asegurar un buen desarrollo y una correcta nutrición del feto. Una nutrición adecuada en la mujer y el consecuente buen estado nutricional son factores determinantes tanto para su salud como para la de sus futuros hijos. Incluso desde antes de quedarse embarazada, una mujer que tenga entre sus planes más inmediatos tener un hijo, debe empezar a cuidar su alimentación. Esto es debido a que, aunque no podemos tener una certeza absoluta de que el embarazo y el parto irán bien tan solo con una buena nutrición, sí que podemos ayudar a prevenir ciertos problemas: un parto prematuro, espina bífida, etc. Problemas que más adelante veremos con más detalle. Por otro lado, durante la lactancia también se debe prestar especial atención a la alimentación, ya que además de cubrir las necesidades nutricionales de la madre, ésta debe permitir la producción de la leche materna, la calidad de la cual depende, en gran medida, de la alimentación de la madre. Por todo ello, las necesidades de energía se incrementan. Por lo tanto, la gestación y la lactancia precisan de una pauta de alimentación saludable, variada, suficiente y equilibrada, pero con algunas indicaciones especiales que veremos con más detalle a continuación. |
En la menopausia: cambios a tener en cuenta
Cuida a tus mayores...
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Lo que conocemos por “vejez”, “tercera edad” o “ancianos”, está constituido un grupo muy heterogéneo que no tiene un inicio claramente delimitado. Aunque muchas veces se relaciona la etapa de la jubilación con la vejez, la verdad es que hay muchas personas que a esa edad, alrededor de los 60-65 años están en plenas facultades tanto físicas como psíquicas; cosa que nos hace ser un poco cautelosos a la hora de hablar de personas ancianas. Por ello, es mejor definir la vejez no tanto desde un punto de vista generacional, sino más bien, desde un punto de vista más funcional. Así, hablaremos de “personas ancianas” cuando éstas tengan sus capacidades más mermadas y cuando se hayan producido gran parte de las modificaciones fisiológicas atribuibles a la edad. De hecho, el envejecimiento va acompañado de una serie de cambios que también afectan a la nutrición y la alimentación, y para los cuales la persona, necesita un proceso de adaptación. Estos cambios, en primer lugar, se aprecian en la reducción del metabolismo basal, junto con la disminución de la actividad física. Por otro lado, la pérdida de piezas dentales, la disminución de la producción de saliva y de las secreciones digestivas comportan dificultades en la masticación, la deglución y la digestión de los alimentos, Además, se produce una disminución de la densidad ósea y una reducción de los movimientos intestinales que suele comportar estreñimiento. Y finalmente, el proceso de envejecimiento, comporta una disminución importante del contenido de agua del organismo, que junto a una menor percepción de la sed, suponen un mayor riesgo de deshidratación. |