La alimentación es un hecho cotidiano que realizamos a diario y al que muchas veces, no le damos la importancia que se merece.
Lo que comemos influye directamente en nuestro estado de salud actual y futuro y debemos tomar conciencia de cómo lo hacemos, de qué forma y con quién.
Las necesidades energéticas
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Cada persona tiene unos requerimientos de energía específicos. Se habla del “balance de energía corporal” teniendo en cuenta los ingresos y los gastos de energía. Si este balance está equilibrado, diremos que el gasto es igual al ingreso; es decir mantendremos el peso corporal. Si por el contrario, hay una entrada mayor de energía de la que sale, el balance será positivo y dará lugar a un aumento de masa corporal. Mientras que si el balance es negativo (menor entrada que salida de energía) habrá una disminución de masa corporal, o lo que es lo mismo, una pérdida de peso. Este ingreso energético para cubrir las necesidades calóricas, se produce a través del consumo de alimentos; aunque la energía que obtenemos de ellos, es menor a la que contienen realmente debido a las pérdidas que se producen (es lo que llamamos energía bruta). Ésta se determina mediante una bomba calorimétrica donde se somete el alimento a una combustión que genera H2O, CO2 y óxidos de nitrógeno. Como consecuencia, hay una liberación de energía en forma de calor, cuya medida será la energía bruta o energía total del alimento. A partir de ahí, una vez la persona lo consuma y debido a las diferentes reacciones que se producen en el organismo, digestión, absorción, etc. La energía realmente utilizable para cubrir las necesidades energéticas del individuo será mucho menor. Esta energía servirá para cubrir las siguientes necesidades energéticas: |
Reparte tu ingesta en 5 comidas al día
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Hablar de hábitos de vida saludables es sinónimo de hacer ejercicio físico, no fumar, llevar una alimentación saludable y equilibrada, disfrutar del tiempo de ocio, etc. La mayoría de nosotros, intentamos llevarlos a cabo, aunque no siempre con los mismos resultados. Muchas veces influenciados por el entorno, nos ponemos como objetivo metas que nos resultan complicadas de cumplir y pasado un tiempo, abandonamos nuestros buenos propósitos, cosa que a la larga repercute negativamente en nuestro cuerpo y en nuestra mente. Uno de los hábitos saludables que, en general, más nos cuesta cumplir es el de llevar una alimentación saludable, variada y equilibrada. A menudo, pasamos de comer en exceso, a disminuir drásticamente nuestro consumo, lo que se traduce en pasar hambre y como consecuencia a la larga, abandonar nuestro primer propósito. Muchas veces olvidamos una de las reglas más importantes que es la de realizar al menos 5 comidas a lo largo del día, para conseguir que el organismo cuente con la energía necesaria para hacer frente a nuestro día a día con garantías. La distribución calórica debería ser la siguiente: - Desayuno: 20-25% - Media mañana: 5-10% - Comida: 30-35% - Merienda: 10% - Cena: 20-25% Y esto siempre deberá ir acorde con nuestros horarios laborales, escolares, si realizamos actividad física, etc. En definitiva, en base a nuestro estilo de vida. |
La importancia de una buena hidratación. Elige bien tu bebida
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El agua es un componente imprescindible para el mantenimiento de la vida. Se trata de una sustancia involucrada en diversas funciones de nuestro organismo y todas las reacciones químicas que tienen lugar en él, suceden en un medio acuoso. Se trata del componente más importante cuantitativamente hablando, ya que ocupa 2/3 partes del peso total. Como porcentaje de la masa corporal, el contenido de agua es mayor en los hombres, un 60%, que en las mujeres, un 50%. Y tiende a disminuir con la edad en ambos sexos, como consecuencia de los cambios que se producen en la composición corporal (pérdida de masa magra e incremento de grasa corporal), siendo en algunas personas, una causa importante de reducción de peso. Cuando hablamos de hábitos de vida saludables, de manera demasiado frecuente, no damos la importancia que merece a una buena hidratación. Como hemos visto, el agua representa cerca de un 60% de nuestro peso corporal total, pero a pesar de su vital importancia, no existe un mecanismo eficiente para almacenarla en nuestro organismo. Por ello, debemos aportarle líquidos de manera constante y regular. En condiciones normales, deberíamos ingerir a diario entre 2 y 3 litros de líquidos, la mayor parte en forma de agua, aunque dependiendo de cada persona, estas cantidades pueden variar ligeramente. Lo que hay que tener en cuenta es que hay algunos grupos de población, como pueden ser los niños y las personas mayores, a los que se deberá prestar una mayor atención en ese sentido. En este último caso, la razón principal es que a medida que nos vamos haciendo mayores, con la edad, disminuye la sensación de sed. Es decir, puede que una persona mayor note que empieza a tener sed cuando ya padece una deshidratación importante. Por ello, debemos beber incluso sin tener sed. |
Comer de forma adecuada es fácil